CARTA DEL 4 DE JULIO DE 1873

Londres viernes por la tarde,

Vuelve, vuelve, querido amigo, amigo único, vuelve. Prometo ser bueno. Si me he mostrado desagradable contigo, fue tan sólo una broma; me ofusqué, me arrepiento de ello más de lo que eres capaz de imaginar. Vuelve, todo se habrá olvidado totalmente. ¡Qué desgracia que te hayas tomado en serio esta broma! No paro de llorar desde hace dos días. Vuelve. Sé valiente, querido amigo. Nada está perdido todavía. Lo único que tienes que hacer es volver  a hacer el viaje. Aquí viviremos con valentía. Te lo suplico. Es por tu bien, por otra parte aquí encontrarás todas tus cosas. Espero que a estas alturas ya te habrás convencido de que no había nada real en nuestra discusión. ¡Qué espantoso momento! Pero tú, cuando te indicaba por gestos que bajaras del barco ¿por qué no viniste? ¡Qué hayamos tenido que vivir dos años juntos para este momento! ¿Qué vas a hacer? Si no quieres volver ¿quieres que vaya yo a buscarte donde estás?

Sí, soy yo quien se equivocó

No me irás a olvidar ¿verdad?

No, no puedes olvidarme

Yo te llevo siempre conmigo

Dime, contesta a tu amigo ¿acaso no debemos seguir viviendo juntos?

Se valiente, contéstame pronto

No puedo quedarme aquí por mucho más tiempo

No escuches más que a tu buen corazón

Rápido. Dime si debo ir en tu busca

Por ti toda mi vida.

Rimbaud