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Dic 23

Dic 23

El Mirador
Esta es la última semana que estaremos con ustedes en este 2010. Nos despedimos con la satisfacción de haber cumplido con los objetivos marcados en esta nueva etapa que empezó en el mes de agosto. Nuestro agradecimiento a todos nuestros lectores, que jueves tras jueves nos siguen y demuestran su fidelidad con este medio de comunicación independiente.
En el 2011 continuaremos trabajando por mejorar nuestras secciones,los reportajes,la cultura… pero siguiendo siempre la misma línea editorial que hasta ahora. También, agradecer a nuestros clientes -que han sido afortunadamente muchos- la confianza depositada en El Mirador esperando que para este próximo año lo sigan haciendo a pesar de la crisis que estamos atravesando. Desde todo el equipo que hace posible el Mirador Express os queremos desear unas Felices Navidades, que el año 2011 sea muy próspero y que se cumplan todos vuestros deseos.Nos espera un 1º semestre complicado con un invierno duro y una primavera “caliente” pero lo más importante es sin duda la salud; de esto que no falte. GRACIAS Y HASTA ENERO 2011.

Dic 23

Exhibiste la mejor de tus sonrisas y, palmeando mi hombro hasta la puerta de tu oficina, me dijiste que erais los mejores socios que podíamos tener los empresarios; que poníais el dinero y a cambio de un pequeño interés os dejábamos hacer, vamos que erais como un socio capitalista pero sin meterse en cómo teníamos o no teníamos que llevar nuestras empresas. Y me fui tan feliz. Te pregunté que porqué mis padres y yo teníamos que avalar la operación con nuestros bienes, pues según tus palabras, mi empresa tenía muy buenos números, y tú me dijiste que: “simple formalidad para los de arriba”, apuntando con el dedo a Dios.
A pesar de que estamos pasando muchas dificultades en estos últimos años, te pago religiosamente y sin rechistar, y sin embargo ahora me cobras por las transferencias que ordeno, por los recibos que emito y recibo, por los talones que te ingreso; me subes el diferencial de mi póliza de crédito, me cobras por la tarjeta que te empeñas en que tenga y luego no uso; me vendes un seguro, unas acciones de tu banco, y cuando te pido explicaciones, me dices con cara de pena que vosotros también lo estáis pasando muy mal y que así abarato el coste de las operaciones que hacemos. Pese a todo, te sigo siendo fiel.
Hace un par de años me aconsejaste que invirtiera en un fondo que operaba en Estados Unidos (en no se qué “Brothers”), que era una operación fabulosa y segura. Y yo confié mis ahorros al fondo ese tan rentable, y salí feliz por tener a mi lado a un experto en ingeniería financiera; por que lo mío son las instalaciones eléctricas.
Hace un año, la constructora que me tiene subcontratada la obra de la promoción de las 700 viviendas, me dio – después de insistirle mucho todos los meses – un pagaré a 180 días liquidándome el final de obra. Te lo llevé y tú me lo descontaste diciéndome que no había ningún problema. Pagué al numeroso personal que había contratado, como es mi deber; liquidé a mis proveedores, como es mi deber; a tu banco los gastos del descuento, como es mi deber; y hace unos meses me llamaste para decirme que el pagaré no tenía fondos, que la constructora había quebrado por la crisis y se había comido mi póliza de crédito con el nominal y los gastos de la devolución, y que mi cuenta tenía el color de la sangre, no de la del constructor que me había impagado: de la mía. Te dije que cogieras mi fondo, pero hasta dentro de unos años no podía rescatarlo, si es que quedaba algo por rescatar, que no sé qué “Brothers” también había quebrado. Te pedí un préstamo, pero me dijiste que no tenía con qué avalarlo. Te has quedado con una casa: mi casa, que vale más que su hipoteca, pero la responsabilidad hipotecaria de la misma me hace que siga en deuda contigo.
Mis padres son jubilados, han perdido sus ahorros y tendrán que vivir con su mísera pensión, porque también eran autónomos; he mandado al paro a mis trabajadores; mi mujer y mis hijas viven con mis suegros; el constructor se pasea con un Audi rojo de lunas tintadas; tú sigues trabajando como si nada, y ya no me sonríes ni me das palmaditas en la espalda, y yo he acampado en frente del Congreso de los Diputados al lado de otros colegas que como yo, fuimos trabajadores antes que empresarios.
Francisco Gascón