EL SERENO

Cuando en los años setenta desapareció la figura del sereno de las calles de España, nunca imaginé que hoy su recuerdo resultara tan evocador. Su figura con guardapolvo y llaves en ristre, daba una seguridad a las calles que recorría, más apreciada que la del actual policía de barrio, cuya sombra sólo se vislumbra los pocos segundos que tarda en pasar con su scooter. El sereno, encendía los faroles, cantaba las horas, y muchas veces servia de confesor y hasta de sirena avisadora de peligros e incendios. Hombre atento y servicial, siempre tenía a mano la llave que abría la puerta que nos regresaba al hogar cuando por unas causas u otras, la vida o las copas nos despistaba del camino. Hoy, ya no quedan serenos, ni de oficio ni de condición. Algunos los recuerdan con nostalgia y en Benidorm, donde no se tiene noticia de que jamás los hubiera, ninguno de oficio, y cada día menos de condición, hay quien ha dado un nuevo sentido al trabajo de sereno. Alguien para quien tener la llave de la casa principal del municipio, se ha convertido en forma de vida. Algún noctámbulo de nuestra ciudad jura haber vislumbrado una figura merodeando el parque de l’Aigüera, con un parecido asombroso a D. José Bañuls, llave en mano esperando quien le llame para volver a abrir la puerta de la alcaldía de la ciudad. ¡Sereno, Sereno! No hace mucho gritaban desde el grupo socialista, y el sereno acudió, pero una vez abierta la casa consistorial, al sereno de Benidorm (lo de sereno le pareció oficio de baja cuna) y paso a organizar el tránsito, que lustra mucho más. Ahora llega el momento de cambiar de nuevo las cerraduras de la mansión, y sin sereno en las calles, las llaves saldrán más caras, no en vano después de un robo lo normal es poner puerta blindada y cerramiento de seguridad, y mirar bien cada estancia y cada armario, no se nos queden los cacos dentro.
Iñigo Martín-Santos