El turismo no es ajeno a la crisis…ni la crisis al turismo

 

No siempre comienza el año con la Marcha Radetzky. La liga de fútbol se estrena a finales de agosto; el curso escolar se inicia tras el paréntesis estival; el Año Judicial se abre a finales de septiembre; el advenimiento de la primavera, cuando lo anuncia El Corte Inglés; y la temporada turística con la llegada de la Semana Santa.

Con ella, saldrán de su letargo invernal cientos de establecimientos turísticos y miles de trabajadores abandonarán las filas del INEM para incorporarse al sector productivo del turismo. Es el pistoletazo de salida o el final de la cuenta atrás. Es en todo caso el llamado “escaparate del verano”, el periodo desde el cual los augures pronostican el grado de bondad de la temporada turística.

En este año de crisis e incertidumbre leeremos, tras el cristal de dicho escaparate, la palabra “Rebajas”.

Benidorm ha sobrevivido a otras crisis. Todos recordamos la falta de agua de finales de los setenta y la huelga de los mineros británicos; la desaparición del turismo alemán y escandinavo; la situación de paro, inflación e intereses por las nubes de la España de la Expo o la entrada en el Euro que impidió la fórmula de la devaluación de la peseta para ser competitivos, y un largo etcétera.

Es cierto que ésta es diferente, más virulenta si acabe, que no está focalizada en algo concreto, que es general y afecta –con sus particularidades– a todas las economías del mundo, pero el denominador común de todas ellas y la experiencia que obtuvimos en el pasado, es que supimos adaptarnos y salir. Muchos piensan que esta crisis es un virus que hay que pasar aguantando, pero es una plaga a la que debemos presentar batalla sin cruzarnos de brazos.

Benidorm, como no puede ser de otra manera, es consciente de las repercusiones negativas de la crisis en los países emisores de turistas, y no puede obviar el drama de los cuatro millones de personas sin empleo, ni de los cientos de miles de pequeños empresarios que cierran sus empresas, ya sea porque no hay clientes, porque los bancos no prestan o las administraciones públicas no pagan lo que deben.

Benidorm se presenta en la sociedad de 2009 precedida del éxito en la organización de la Copa Davis, con las ilusiones intactas y dispuesta a mantener su liderazgo turístico adquirido durante su corta pero intensa historia. A sus atractivos naturales habrá que sumar el esfuerzo de esas miles de personas que con nombre y apellidos consiguen con su profesionalidad pelear todos los días para que la ciudad mejore en sus infraestructuras, para suplir con imaginación la escasa inversión pública en promoción, para que su rica oferta de ocio y fiestas no tenga parangón en Europa, para que la calidad de sus alojamientos resulte año tras año inmejorable y para que la variedad de su restauración y comercio sean la guinda que todo visitante pueda degustar en cualquier momento. Todo ello conforma que el ambiente de nuestra ciudad sea único trescientos sesenta y cinco días al año.

Benidorm pondrá el cartel de “Rebajas” u “Ofertas”, como quieran llamar, pero no habrá mermas en la calidad de los servicios que ofertamos. De eso podemos y pueden estar seguros.

LA MIRADA CAPCIOSA

• El poder de adaptación y superación de Benidorm a las circunstancias adversas resulta incuestionable y nos hace estar mejor preparados que el resto de destinos turísticos.

• La devaluación de la libra en un 30% supondrá la posibilidad de que el mercado británico busque otros más baratos fuera de la zona euro.

• Que nuestros políticos se abstengan de colgar el cartel de COMPLETO antes de tiempo, como suelen hacer todos los años, pues eso puede ocasionar que potenciales turistas que deciden salir en el último momento se vayan a la competencia.