Funcionario

Opinión

Según el diccionario, es la persona que desempeña un empleo público. Definición correcta y escueta, pero a mi modo de entender, incompleta. Urge que La Real Academia Española de La Lengua tome cartas en el asunto. Les cuento. Habría que distinguir entre dos tipos de funcionarios: el funcionario activo y el funcionario pasivo.

El activo es aquel que – cumpliendo con su etimología – funciona y hace que toda la sociedad funcione. Me refiero a la policía, Guardia Civil, personal sanitario y judicial, bomberos, ejército, guardas forestales, funcionarios de prisiones, maestros, y un largo etcétera. Generalmente se quejan de estar mal pagados, de las deficientes condiciones de trabajo en las que se mueven y de la falta de medios materiales y sobre todo humanos. Les faltan horas y se quejan con razón.

En el otro polo del funcionariado se encuentran los que llamo funcionarios pasivos, que funcionan bien, mal, no funcionan y hacen que la sociedad funcione peor. Dentro de este grupo se encuentran a modo de ejemplo los operativos, que son los que cumplen con una labor necesaria para el desarrollo de la sociedad: administrativos, inspectores, políticos y otro largo etcétera; y los inoperantes: administrativos, inspectores, políticos y sobre todo: cargos de confianza. Generalmente somos los demás los que nos quejamos de ellos: buenos sueldos, magníficas condiciones de trabajo, más que suficientes medios materiales y sobre todo humanos. Les sobra el tiempo y no sé de qué se quejan.

La sociedad identifica a unos con otros porque tienen el mismo nombre y esto es, a todas luces injusto, aunque el acervo popular, tan sabio algunas veces y otras no tanto; para distinguirlos llama a los buenos por su nombre (médicos, agentes) y chupatintas o correveidiles a los malos. El problema viene cuando se llama funcionario a quien, fuera del funcionariado, no se esfuerza o se esfuerza poco y ni tan siquiera, se esfuerza mal.

Aznar no distinguió entre funcionarios activos y pasivos, les congeló el sueldo a ambos y cometió una doble equivocación.

Pero entiendo que joda, con perdón, que exista una clase de españoles que, en el país del paro, mantenga un trabajo para toda la vida, con un sueldo para toda la vida, con vacaciones fijas, días “moscosos”, escasas horas de trabajo real, almuerzos improrrogables, turnos continuados y tardes libres, términos de jornada laboral puntuales, puentes, acueductos, seguridad social independiente, horarios de verano flexibles, sábados domingos y fiestas de guardar intocables y otro larguííísimo etcétera.

No me extraña que un porcentaje muy alto de la juventud quiera se funcionaria, ni que en España haya tres millones de funcionarios, tantos como en Japón y uno menos que en Alemania con el doble de población: son muchos votos.

Y si hablamos de los de las Comunidades Autónomas… mejor para otro día, que hoy es viernes.