La puntilla – ESTADO DE DESCONTROL

Nunca tan pocos han hecho tanto daño a tantos. Una banda de 2.500 descontroladores ponen en jaque a un país, bajo la excusa de que les provocan con un decreto sobre el cumplimiento de horarios. Sólo en un país donde su Presidente del Gobierno está desaparecido durante un Estado de Alarma, se puede dar la circunstancia de un país paralizado por el corporativismo sindical de unos elementos más próximos a la piratería que al servicio publico.
Si después de haber ocasionado el primer Estado de Alarma en la democracia, no se generan responsabilidades, y quiero decir suspensiones, despidos y cargos penales, los ciudadanos perderán la poca fe que les queda en el funcionamiento de un Estado al que de tantas patadas le están quebrando las piernas.
Los usuarios que cívicamente soportaron que los separaran de sus destinos, sus familias, o su descanso, se merecen al menos la reparación moral de ver a los responsables cumpliendo las sanciones correspondientes. Además, vamos a ver quien paga esta fiesta de pérdidas millonarias e indemnizaciones por perjuicios ocasionados. No quiero pensar que además de sufrir el despotismo de un sector ventajista y privilegiado, las consecuencias las tengamos que pagar los contribuyentes con nuestros impuestos.
Y a todo esto, nuestro presidente, el “Señor Talante”, escondido bajo las sábanas como el niño que no quiere ir a la escuela porque no ha hecho los deberes. Si le cae grande el cargo, que lo deje.
Veremos cómo se gestiona el día después, porque el Estado de Alarma no puede ser eterno. Si no consiguen quitar de nuestras cabezas esa “Espada de Damocles”, que amenaza cada festividad con dejarnos a dormir en los aeropuertos, habrá que pensar que un servicio tan esencial no debe quedar en manos de personas que para controlar sus privilegios descontrolan un país.
Iñigo Martín-Santos