LA VALLA DE LA VERGÜENZA

Ignoro las razones por las que el Ayuntamiento la ha levantado, pero me imagino que habrá sido para separar la naturaleza de la “bestia humana”, ya que ésta parece que no ha entendido todavía que progreso y medio ambiente son perfectamente compatibles.
Algunas mañanas de domingo salía con mi hijo de siete años y mi perro a pasear por ese trozo de bosque mediterráneo que empieza en la calle Malta y sube paralelo al Colegio Sierra Helada, y mientras mi perro olisqueaba los aromas del bosque, mi hijo y yo observábamos con asombro y tristeza la cantidad inmensa de excrementos urbanos que la “bestia humana” sembraba semana tras semana. Entonces, cogíamos las bolsas que ondeaban de los arbustos y las llenábamos de botellas, bricks, latas, envases, plásticos, tuberías y todo lo que la mente no puede llegar a imaginar, y la depositábamos en el contenedor a pie de calle.
Lo que más me entristecía era que la mayor parte de aquella basura procedía del consumo de los niños del colegio de al lado.
Cuantos mayores son los presupuestos y los recursos materiales y humanos para la educación, cuanto más alardeamos de los avances tecnológicos y científicos que incorporamos a nuestras vidas todos los días, más incapaces somos de enseñar a un niño algo tan básico y tan sencillo como es el respeto a la naturaleza. Quien aprende a amar a un árbol no sabe maltratar a un animal ni causar daño a un semejante.
Algún día nos encontraremos con todos nuestros espacios naturales cercados por vallas y gravados con peajes – de la misma manera que en los campos de fútbol se separan aficiones y deportistas – para que el dominguero hortera no haga con el bosque una barbacoa, el incendiario un modo de vida, o el pirómano, realidad su sueño más deseado.
Llegará ese día si no lo remediamos y los mares se habrán convertido en un inmenso acuario y los bosques en un jardín botánico para visitar los domingos y festivos. La protección del medio ambiente es la ideología que deberá guiar a nuestros jóvenes en el futuro; tanto en el campo de la investigación, apostando por el desarrollo de las energías renovables y por la sostenibilidad del progreso, como elaborando leyes que lo protejan sin la tibieza con la que se castiga hoy al que quema o ensucia.
Si no empezamos ya a trasmitir a los niños valores de respeto a la naturaleza, malo.

Francisco Gascón Gamboa