Las patronales: “Quién nos ha visto y quien nos ve”

Anécdotas de crónicas y pregones de más de medio siglo de fiesta

Nadie sabe con certeza cuándo comenzaron a celebrarse las fiestas patronales de Benidorm. Se sabe, eso sí, que su punto de partida fue aquel 16 de marzo de 1740 en que se encontró la embarcación con la patrona, la Verge del Sofratge. Se sabe, según los textos de José Bayona, que fue en 1927 cuando empezó a celebrarse el hallazgo de la Mare de Deu, escenificándose de forma ininterrumpida desde 1971, y que fuere cuando fuere su comienzo, los festejos populares se trasladaron al mes de noviembre para poder contar con los hombres, que en primavera, partían rumbo a la almadraba dejando en tierra a mujeres, niños y ancianos.
Sí ha quedado constancia, sin embargo, de cómo eran las fiestas las primeras décadas del siglo XX a través los pregones de cada año y por las cartas que los sucesivos alcaldes han ido escribiendo al respecto: Unas fiestas cándidas con escaso presupuesto pero con gran devoción y participación ciudadana. Sus relatos son recuerdos de un Benidorm desaparecido, el de los años 40, 50 e incluso 60.
Así, Pedro Zaragoza, en un escrito redactado para el libro ‘25 años de Ilusión y Fiesta’, editado en 1997, recordaba que los festejos “se iniciaban con las marcas de las prendas de vestir que teníamos la grata obligación de estrenar el primer Día”, y con ellas se acudía a la misa, “a escuchar el corro parroquial” y por la noche “les copletes”.

A alguna reina, hace 30 años, se la preguntó la clave del buen matrimonio.

La Asociación Cultural La Barqueta recuerda en el mismo volumen las fiestas del 44, financiadas gracias a “donativos de vecinos” y de los pescadores, que asignaban una parte igual a la que a ellos les correspondía por las capturas a la Virgen al considerarla un tripulante más, al tiempo que los ciudadanos también recopilaban el material y montaban ellos mismos los templetes.
Jaime Barceló destacaba en aquel libro-homenaje a la mujer benidormense como eje de las mismas, y Miguel Pérez Devesa reconocía “su alcaldada” de prohibir el uso de petardos en la despertà antes de las 8 de la mañana. “Supieron vengarse y a esa hora las tracas y petardos los tuve que soportar en los aledaños de mi domicilio”, relató.
Casi tres décadas antes de aquella publicación, las patronales empezaron a ser recogidas en la prensa local. En el primer número del periódico Ciudad, editado el 9 de noviembre de 1968, las anunciaban tras una portada en la que se aludía al bulo de la llegada de Jacqueline Onassis a la ciudad y se computaba la llegada del turista 17 millones a la localidad, que sería recibido por el alcalde Jaime Barceló. Pese al paso del tiempo, quedan aún intactas muchas actividades de aquel programa de fiestas, y no sólo religiosas. Aquel año se celebró una gymkhana humorística, cuando las peñas de hoy día ni se conocían ni esperaban. De entonces se han perdido las innumerables competiciones deportivas vinculadas a los festejos, y modificado el término con el que se aludía a los turistas (el titular de 1969 destacó la gran cantidad de “forasteros” que las presenciaron, amén de la visita de Carmen Polo).

En el primer día de las fiestas los niños estrenaban trajes para ir a misa.

Una década después de aquella primera crónica de el Ciudad, cogió el relevo El Canfali con entrevistas a las entonces reinas mayores y damas (figuras creadas en 1971). De las mismas se extrae mucho más que una reflexión festera. A la reina Mayor, Concha de Juan, la preguntaban literalmente “¿Qué crees necesario para que un matrimonio funcione?”, y a su corte (14 damas mayores) qué opinaban “sobre el hambre en el mundo” y el uso del Valenciano. Por su parte, la reina infantil, María José López Moncho, decía que quería estudiar Medicina y Biológicas, y llegaba acompañada de 13 damitas.
Aquel año fue, además, el primero en el que una mujer era pregonera de las fiestas. Una joven que había sido reina mayor en el 72: “Angela Mari Barceló de Almodóvar”, quien en su discurso ponderó la unión y hermandad de los benidormenses en las fiestas “en estos momentos de disparidad de criterios, ideas, razonamientos…”, y reconocía su orgullo por poder ser pregonera cuando se estaban produciendo “modificaciones en la participación de la mujer en la vida diaria, reivindicación se dice ahora”, dijo en su pregón quien hoy es diputada y concejal.
También en los 70, pese a décadas de trabajo por parte de los que ya se llamaban mayorales, se creó oficialmente la Comisión de Fiestas, que hacía el diseño alegórico de las fiestas para la portada del libro, siendo usado al tiempo como cartel anunciador, hasta que pasó a elegirse el diseño por concurso público.
¿Y las peñas? La asociación se creó en 1984, y se dice que se su origen eran las competiciones de los vecinos por ver quién engalanaba mejor, con banderolas de papel y color, sus calles. Este año, la Comisión de Fiestas Mayores Patronales de Benidorm ha dado al concurso que rememora aquella costumbre el nombre de Pepa Esperanza Llinares, fallecida el pasado 12 de septiembre, y una de las impulsoras de recuperar la tradición de decorar artesanalmente por parte de los vecinos las calles de Benidorm durante las celebraciones.
Las peñas, además, hoy llevan el peso del humor. Los “play-backs” como preludio de las fiestas se han convertido en un elemento clave de las mismas y se da buena cuenta de ello incluso en la prensa provincial.
Y es que, como dijo en su discurso el fallecido alcalde, Vicente Pérez Devesa, en 1990, “no son ni mejores ni peores las fiestas de ahora, son diferentes”.

Raquel López