Opinión – ¿QUIÉN QUIERE MONTAR UNA EMPRESA?

Hace unos días un amigo y cliente me comentó – medio en serio medio en broma -que caminábamos hacia un comunismo a la inversa; es decir, un comunismo creado por el propio capitalismo en el que en lugar de ser el Estado el propietario de todos los medios de producción, éste permite que exista actividad privada pero a cambio de impuestos confiscatorios. Cada empresario conoce la realidad de su negocio, por lo que yo me ceñiré a exponer simplificadamente los gastos que tenemos en los hoteles, llamémoslo, por imperativo legal
Si empezamos por los ingresos, diré que 8 euros de cada 100 que nos paga el cliente son para la Administración en concepto de IVA.
Por otra parte, a la S.S. (Seguridad Social) le pagamos el 32% del bruto de cada nómina más el 6.4 que paga el trabajador y el 10% (salario de soltero mileurista con 14 pagas al año) que le retenemos y que ingresamos en Hacienda cada 3 meses.
Por enfermedad laboral pagamos los primeros catorce días, como si ese 32% citado anteriormente no fuera suficiente
Cada compra o servicio que realizamos está gravado con un 18%, 8% o 4%, que cada proveedor o acreedor se encarga de ingresar en la Hacienda Pública.
Al Ayuntamiento pagamos un IBI con una subida escandalosa hace dos años; de las basuras la misma subida pero hace un año; por desarrollar una actividad empresarial pagamos generosamente un IAE.
A parte de todo pagamos una tasa de 0.20 euros por comprar una bombilla de bajo consumo (ECORAEE), por comprar algunos alimentos (Tasa de eliminación de residuos), por poner música (SGAE), por tener televisión en las habitaciones (AISGE), por los derechos de los productores de fonogramas (AGEDI), por estar obligatoriamente en la Cámara de Comercio (el 0.75% de la base imponible del Impuesto de Sociedades).
Se paga a las mutuas por cada reconocimiento médico, por actividades preventivas de carácter sanitario y de riesgos laborales.
Qué decir de la factura eléctrica en la que una parte del coste de la energía son impuestos para las renovables y otro para el carbón, ambos gravados con el 18% de iva. El canon de saneamiento de la Generalitat sobre agua consumida es otro impuesto más y sobre los que gravan el gas y del gasóleo mejor no hablemos.
Si realizamos una obra mayor se paga al Ayuntamiento el 8 y pico por ciento del proyecto, y si es una obra menor, el 2.20% más una tasa fija de 150 euros.
El 25% del beneficio en el impuesto de sociedades y si ese beneficio ya tasado se reparte entre los socios se vuelve a pagar por IRPF. Quedan los de los seguros, comunicaciones, Registro Mercantil, financieros, inspecciones, etcétera.
El caso es que con esta crisis todas las empresas privadas cuyos precios no dependen de ningún Real Decreto, nos hemos apretado el cinturón: cobramos menos, vendemos menos, ganamos menos y aguantamos como podemos los que podemos; al contrario que en las públicas y en la Administración que no hacen más que subir y subir, exigir y exigir. ¿Cuántos impuestos pagamos? ¿Qué nos queda? Y con este panorama cabe preguntarse: ¿Hay algún valiente que quiera montar una empresa? ¿Algunos de los hoteleros que en los 60, 70 y 80 montaron un hotel, lo podrían hacer ahora?

Francisco Gascón Gamboa