Opinión

DESCEREBRADOS

No sé a qué viene tanto revuelo. Que una panda de descerebrados bañados en alcohol pretenda asaltar una comisaría es, en España lo más natural del mundo. Sobre todo cuando comprueban fehacientemente que cuando hacen un “botellón”, que está prohibido, no pasa nada, y yendo un pasito más adelante , ven que tampoco pasa nada cuando molestan a los vecinos, ensucian las calles, destrozan el mobiliario urbano, consumen alcohol, queman contenedores y cajeros, y compiten en velocidad con carreras de coches y motos. El asunto es que a quien corresponde aplicar las leyes, le importa un carajo que se cometan toda esta sarta de ilegalidades, porque, insisto, todo lo enumerado anteriormente está fuera de la ley. Pero el asunto es más preocupante si observamos que, aun en el supuesto de que la policía practique detenciones e identifique a los autores de una o todas las tropelías cometidas, no hay sanciones. En los sucesos de Pozuelo, la policía detuvo a veinte jóvenes y un juez los puso en la calle al día siguiente sin cargos, bueno con el cargo honorífico que un descerebrado otorga a otro descerebrado que no es otro que el de héroe inmortalizado en la grabación de un móvil.

Pero todavía hay algo más grave y es que hemos visto padres que piensan que sus hijos no beben o se drogan, que pasaban por allí o que se han defendido del ataque de una policía que no les dejaba divertirse en la calle.

Los jóvenes siempre han sido rompedores, rebeldes, inconformistas, iconoclastas, contestatarios, idealistas, desafiantes, innovadores, amantes de lo prohibido. Han aspirado a un mundo mejor, más libre, más humano, más fraternal. Somos herederos de las todas las revoluciones que protagonizaron todos los jóvenes en la historia de toda la humanidad, porque solamente desde la juventud, desde ese periodo efímero y limitado se cambia lo preestablecido, lo que permite que el mundo avance. Existe la juventud que trabaja, estudia, entrena, investiga, crea, mantiene una familia, vive de acuerdo con una moral y una ética normales, y se reúne con los amigos los fines de semana para divertirse pacíficamente sin molestar a nadie.

Y existe otra juventud que coexiste con ésta y es la de los descerebrados, la que vive en el convencimiento de que todo vale. Son machistas, racistas, violentos, posesivos, no acatan más reglas que la de su clan o de su tribu, y han sabido colarse por los resquicios de impunidad, falta de Educación, de Principios, de Autoridad, de Respeto, de Moral; es decir, de todos esos Valores Fundamentales que la dejadez y la ignorancia de nuestros políticos arrinconaron por considerarlos pertenecientes al pasado o al antiguo régimen.

Nunca es tarde para enseñar a nuestros jóvenes cuáles son las líneas que no deben traspasarse nunca en una sociedad democrática. Si no lo hacemos, si no inculcamos Valores de Convivencia y Respeto no adscritos a ideologías políticas, si no seguimos minando la autoridad de profesores, padres y autoridades con leyes absurdas, no nos extrañemos de que asalten comisarías u organicen batallas campales como formas nuevas de diversión

Hoy, los descerebrados, a pesar de su crecimiento, siguen siendo una minoría, pero… y mañana qué.

Fráncisco Gascón