Opinión

¡DIGNIDAD PARA CATALUÑA!

Con todo lo que me repele el asunto de los trajes de Camps y abomine el entramado de corruptelas en las que están inmersos tantos políticos de nuestro país, dudo mucho que a Montilla o a cualquier presidente de la Generalitat de Cataluña, se le hubiera tratado como a Camps en caso de estar imputado en trama similar. Y es que los dirigentes catalanes –que no los catalanes- han blindado sus excelsas personas de tal manera, que criticar/opinar/investigar desde el resto de España a cualquiera de estas personalidades supone atacar la esencia misma de Cataluña.

Hemos de reconocer que se lo han montado muy bien: que han sabido dotarse de una inmunidad que les permite decir y hacer lo que quieran, y que encima tengamos que ser el resto de los españoles los que tengamos que pedir perdón por sentirnos agraviados.

Yo, que no siento simpatía alguna por aquellos que viven obsesionados en mostrarnos el lugar en el que han sido matriculados y, por el contrario, simpatizo con los que se sienten ciudadanos del mundo, percibo que El Estado de Derecho mide con dos raseros diferentes; a los hechos me remito.

¿Se acuerdan del 3%, que Artur Mas recriminó a Maragall en una sesión del Parlament?

¿Actuó el Fiscal General del Estado ante tamaña acusación?

¿Cabe en cabeza humana que la Generalitat multe a un comerciante por rotular en castellano?

¿Por qué los padres no pueden escolarizar a sus hijos en castellano, siendo éste el idioma oficial del Estado? ¿Actúa el gobierno? ¿Y el defensor del Pueblo?

¿Recuerdan el partido de fútbol entre Barcelona y Valencia, en el que los valencianos nos vimos anexionados en los llamados Països Catalans? ¿Se imaginan si hubiese sucedido al revés?

¿Y la llamada “Dignidad Catalana” cacareada al dictado en 12 medios de comunicación? Desde el franquismo y los editoriales trasmitidos desde El Pardo a la prensa, no había visto nada aparecido.

¿Y el delito de presionar a un Tribunal Constitucional, -que vale, que tarda mucho y que está politizado- para que dicte un sentencia sobre la constitucionalidad o no del estatuto, como es su obligación?

¿Y es normal que se hable de “dignidad para Cataluña” cuando sólo un 49% de los catalanes fue a votar el Estatut y de ese porcentaje todavía un 21% votó que no, y un 5% en blanco?

A tenor de esas cifras, me queda el consuelo que mi admirado pueblo catalán tiene o tenía preocupaciones reales diferentes a las que expresan sus políticos y sus subvencionados medios de comunicación, a los que “la pela” les hace vivir en los mundos de Yupy.

De cualquier forma la batalla, diga lo que diga el Constitucional, está perdida. Presiento que la proclamación de autodeterminación será el primer paso que se dé antes del de la independencia y ésta la verán mis ojos.

Los catalanes saben que no se va a suspender la autonomía, ni se va a tomar ninguna medida coercitiva prevista en la Constitución. Serán lo que quieran ser, pero antes sacarán todo lo que puedan (ver los Presupuestos Generales del Estado).

Les hemos enseñado que pregonar el victimismo y la reivindicación permanente es rentable. ¡Felicidades!

Francisco Gascón Gamboa