Opinión – FUGA DE CEREBROS

Hace unos años asistí en Benidorm a una conferencia que organizó la CAM en la que el ponente explicaba que uno de los problemas que más preocupaba a un pequeño estado de EEUU, famoso por sus muchas y magníficas facultades universitarias, era que los estudiantes, una vez terminada su carrera, emigraban a otros estados más importantes en los que acababan trabajando y viviendo. Las autoridades de ese pequeño estado se dieron cuenta del problema: la marcha hacia otros lugares de todos aquellos jóvenes que se formaban en sus universidades les suponía perder un caudal de riqueza inmenso del que acababan aprovechándose otros. Conscientes de la magnitud del problema que la fuga de “cerebros” o de “capital humano” les ocasionaba, construyeron barrios enteros para artistas, científicos, etc… y les dotaron de todo lo necesario para retenerlos.
En España, nuestras autoridades, más preocupadas por menudencias y otras zarandajas del politiqueo estéril, no se ha percatado todavía de que en los últimos dos años 120.000 jóvenes altamente cualificados, en su mayoría médicos, biólogos, arquitectos e informáticos, se han marchado a otros lugares porque aquí no hay futuro. No es la emigración de nuestros padres o abuelos, que marchaban a la Europa rica como mano de obra barata para enviar divisas y volver con un proyecto de vida distinto al que tenían cuando partieron. Se trata de jóvenes con necesidad de aspirar a algo más que a los 1600 euros que, en el mejor de los casos, puede llegar a cobrar aquí un científico. Jóvenes desilusionados que ven que para ellos no hay recursos ni materiales ni humanos, mientras que personajes como Teddy Bautista – a modo de ejemplo – presidente de la Sociedad General de Autores, se retira con un sueldo de 24.500 euros mensuales, prácticamente el que tenía.
Somos el país con el mayor número de “fuga de cerebros” de Europa y a este paso, dentro de unos años, los mejores crearán riqueza y empleo en otros países, mientras que aquí quedarán un porcentaje muy pequeño de “cerebros” y uno muy muy grande de mediocres, trepas, de amigos de, o familia de, los del clan, los de la tribu, los políticos de por vida. Los méritos no existen y prueba de ello es que se antepone el que un médico hable el idioma de la comunidad en la que quiere trabajar, a que sea un buen médico. Y lo peor de todo es que lejos de adquirir conciencia del problema, la ministra Garmendia, bióloga y empresaria, pero en otra galaxia como todos cuando tocan el poder, declara en abril de este año que “España ya no padece fuga de cerebros y que el proceso se ha invertido”. Pocas soluciones pueden darse a los problemas cuando se niegan la existencia de éstos.
Acabo con dos frases pronunciadas por el científico español Francisco José Ayala, afincado en Estados Unidos, y uno de los mayores expertos en genética y Evolucionismo: “Esta fuga es una pena. España se sigue desangrando desde hace muchos años”. “Sinceramente yo quise volver. Pero en España hay mucho nepotismo, los cargos se entregan a los amigos, a los parientes. Los que valen tienen muchas dificultades para triunfar”.

Francisco Gascón Gamboa